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Rincón de lectura · 17 de Septiembre de 2018. 11:27h.

Stalin, un dictador entrañable

 

Estaba yo un día husmeando en la biblioteca pública de Martorell y me tope con un biografía de Stalin de 700 páginas: “Stalin, el Grande” (Edhasa, 2012). De Anselmo Santos (Salamanca, 1930)

Mi primera reacción fue de sorpresa: ¿Cómo? ¿Hay en España un sovietólogo capaz de escribir una biografía del dictador soviético?

Hasta ahora pensaba que esto era terreno vedado para los grandes historiadores anglosajones como Simon Sebag Montefiore, Donald Rayfield, Lawrence Rees o Alan Bullock.

En efecto, una de las consecuencias negativas de la neutralidad de España durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial es que quedamos al margen de las grandes corrientes historiográficas. Eso sí, nos ahorramos un montón de muertos.

Hice entonces lo que hago siempre en estos casos: comprar el libro. Porque a mí me gusta subrayarlos. Quedo en la estantería de los libros pendientes -cada vez más larga- hasta que este verano le hinqué el diente.

Disfrute como un enano. Es difícil leer una biografía como se lee una novela. Además, una buena biografía no es sólo el retrato del personaje sino de la época y del país entero.

Y eso que, por razones obvias, Stalin no es uno de mis personajes históricos preferidos. Pero a veces la línea entre la maldad y la bondad es tan tenue como entre la locura y la genialidad.

Tampoco es una biografía al uso: desde el nacimiento a la muerte del dictador. El autor, en efecto, prefiere detenerse en aquellos aspectos que más le interesan y sobre los que más conocimientos tiene: la relación de Salin con los libros, con la música, con la arquitectura, con la pintura.

También sobre aquellos sobre los cuales el propio escritor -oficial de Artillería en sus años mozos- tiene debilidad: la guerra con Alemania, el trato con los generales, las redes de espionaje.

Por supuesto, no esconde que Stalin era un déspota, “el gran asesino”,  “el gran inquisidor”. Pero tampoco oculta su admiración por él: si la URSS se convirtió en una gran potencia mundial fue por Stalin. Consiguió transformar un país atrasado, analfabeto y agrario de la época de los zares en un poder militar. Eso sí, a un coste tremendo.

Responsable de miles de muertos, hay bien adentrado el libro -página 562- una frase demoledora: “Stalin liquida en 1938 a la cúpula militar por la misma razon que a sus opositores cíviles víctimas de las purgas: no por lo que han hecho, sino por lo que puedan hacer”.

El autor también describe -en uno de los primeros capítulos de la obra- su consolidación en el poder y como fue eliminando a sus rivales uno tras otro: Trotski, Frunze, Kámenev, Zinóviev, Bujarin, Tomski, Rikov.

Pero incluso en este caso, Anselmo Santos consigue convertir a Stalin casi en un dictador entrañable.

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1 Comentarios

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#1 Mercè, Brcelona, 17/09/2018 - 19:49

«Responsable de”miles” de muertos»? No t’has quedat una mica curt amb un dels més grans assessins de la història?