Rincón de lectura · 9 de Enero de 2023. 07:04h.

El simpatizante de los nazis

Parece mentira que algún editor avispado -Crítica, Taurus, Akal- no haya pensado todavía en traducir al castellano el libro de Andrew Lownie “The traitor king” sobre Eduardo VIII.

Sobre todo ahora que, para bien o para mal, está de moda la monarquía británica.

Lo digo no sólo por la muerte de Isabel II (1926-2022) sino por lo que está dando que hablar el Príncipe Henry.

Si no se apuran igual implosiona la institución, que corre el riesgo de sufrir la crisis más grave desde la muerte de Lady Di.

Entre otras razones porque todo empieza en él: En Eduardo VIII.

En efecto, si no hubiera abdicado Isabel lI no hubiera llegado nunca el trono.

Al fin y al cabo es hija de Jorge VI (1895-1952), que fue coronado rey en cuanto su hermano abdicó.

Además, Andrew Lownie es un raro especimen.

No sólo es historiador -especializado sobre todo en la monarquía- sino también agente literario.

El libro en cuestión -que fue éxito de crítica, de público e incluso de televisión en el Reino Unido- describe la trayectoria vital de Eduardo VIII (1894-1972), que fue rey menos de un año en 1936.

La versión oficial es que renunció por amor: la monarquía británica no podía aceptar un rey que se casaba con una divorciada americana. Y no una sino dos veces.

Pero con una guerra en el horizonte seguramente influyeron también otros factores.

Al fin y al cabo se le consideró simpatizante de los nazis aunque, a decir verdad, no fue el único.

Una buena parte de las élites británicas no veían al principio mal el movimiento como baluarte contra el comunismo.

Lownie describe al futuro Duque de Windsor casi como un adolescente al que le gustaban las mujeres, jugar al golf y la jardinería.

Aunque, cuando abdicó, Churchill lloró.

Pese a que, probablemente, la mala era ella: Wallis Simpson, que al parecer hasta tenía una foto dedicada de Von Ribbentrop, el ministro de Exteriores del III Reich.

El libro describe no sólo la famosa visitar a Berchtesgaden -la residencia de verano de Hitler- que quedó inmortaliza en una foto famosa sino los sucesivos ‘exilios’ en Francia, Portugal y las Bahamas.

Si los alemanes invadían Inglaterra que no lo pudieran al menos reponer en el trono.

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