Publicidad
Rincón de lectura · 13 de Septiembre de 2019. 10:03h.

A Carmen Balcells, que está en los cielos

Un libro es bueno cuando produce una reacción físico-química en el lector. Que es lo que me pasó a mí con la obra de Xavi Ayén "Aquellos años del boom" sobre los autores latinoamericanos que vivieron en Barcelona durante los 60 y 70. Debate acaba de publicar ahora una segunda edición -la primera es del 2014- corregida y ampliada.

Poco después de su lectura había quedado yo con un colega en la Diagonal y me acerqué hasta la Agencia de Carmen Balcells. Simplemente quería agradecer a su hijo lo que había hecho su madre por la literatura en general y por la cultura catalana en particular. Sí, digo catalana.

No pasé de la puerta, claro. Pero tengo pruebas fotográficas que corroboran mi afirmación. Espero que me perdonen la indiscreción. Ahí estaba yo en el vestíbulo frente a una imagen gigante de Carmen Balcells -que ilustra este artículo- y rodeado de fotos de autores de la casa. Pla en un rincón aunque en todo lo alto.

Una seceretaria me atendió muy amablemente pero me dijo que el señor Luis Miguel Palomares estaba reunido y no podía atenderme. Ni falta que hacía. No quería molestar. Tenía bastante con que le transmitieran el mensaje. Además debió pensar que era otro zumbado. Hay tantos últimamente.
40594-65663-screensnapz034.jpg44181-1918-screensnapz033.jpg

De hecho mi admiración por Carmen Balcells viene de lejos. No sólo por su labor editorial -¡convirtió Barcelona en la capital del boom!- sino por su carácter pese a que a veces, al parecer, era de armas tomar. Todos los grandes hombres o mujeres tienen, en ocasiones, carácteres fuertes.

Todavía recuerdo una entrevista que le hizo el propio Xavi Ayén ern La Vanguardia -salió el 22 de abril del 2010- en su retiro espiritual de Santa Fe de Segarra. ¡Bordeaba los 80 años y estaba pensando en hacer un hotel de lujo en su pueblo natal!. Creo que el proyecto se ha queado a medias. ¡Incluso comprar el Teatro Principal!, que todavía languidece.

28445-81535-screensnapz035.jpg

El autor no hurga en la vida privada pero tampoco oculta nada: las neurosis de José Donoso, los excesos alcohólicos de Sergio Pitol, los vaivenes sentimentales de Vargas Llosa o los profesionales de Carlos Barral -el PSC lo acabó colocando en el Senado creo que por motivos de supervivencia económica-.

En fin, los que quieran saber el famoso puñetazo de Garbo a Vargas Llosa el libro incluye la teoría más plausible. También otros aspectos dramáticos como que a Carlos Fuentes se le murieron dos hijos “uno de Sida y otro por sobredosis” (1) y que, según todos los indicios, Cortázar murió también por esta enfermedad, apenas conocida en esa época.

Quizá lo más curioso, a mi juicio, es que García Márquez y Vargas Llosa eran entonces de izquierdas, muy de izquierdas. Lo cual no les impedía vivir en la zona alta de Barcelona -¡en Sarrià!- y mantener un prudente silencio sobre la dictadura de Franco. Quizá estaban demasiado acostrumbrados a dictadores.

“Es curioso que de toda aquella agitación política -recuerda el propio autor- se centrara, sobre todo en el extranjero, es decir, García Márquez nunca se destacó como antifranquista” (2). La obra también explica que “bebía sobre todo champán, pero tenía que ser buenísimo” (3).

Gabo incluso se vestía con un mono azul de obrero antes de ponerse a teclear. Un día fue a poner gasolina con su BMW -un coche de lujo en aquella época en Barcelona- y el empleado le dijo: “vaya cabrón debe ser su jefe para poder comprarse ese coche” (4).

Aunque me libre yo de criticar a un hombre que, según cuenta la leyenda, tuvo que empeñar la máquina de escribir para poder comer antes del triunfo de “Cien años de soledad”.  Estoy a favor de recompensar el éxito y el esfuerzo.

En fin, por una vez no quería hablar del proceso sino de un libro pero voy a terminar con una última reflexión. A Carmen Balcells, ahora, no le darían la Creu de Sant Jordi por mala catalana. ¡A quién se le ocurre promocionar la literatura hispanoamericana desde Barcelona!

El tripartito se la concedió en el 2006 -si no recuerdo mal ya iba en silla de ruedas- pero parece que Pujol no tuvo tiempo de dársela en 23 años. Bienaventurados todos los malos catalanes como Carmen. De ellos será el reino de los cielos. Y soy agnóstico.

 

(1) Página 400

(2) Página 200

(3) Página 201

(4) Página 206

Publicidad
Publicidad

0 Comentarios

Publicidad