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Artículo patrocinado · 29 de Mayo de 2020. 16:45h.

¿Cuál es el mejor momento para pedir un préstamo?

A juzgar por los artículos de muchos medios de comunicación, pedir préstamos personales online rápidos sería como subirse a una montaña rusa. Sin embargo, la realidad contrastada por datos empíricos es que lo mejor a hacer es mantener una estrategia de financiación y ahorro consecuente, racional y meditada.

La duda aparece pronto: ¿Es el mejor momento para pedir un préstamo? ¿Es el mejor momento para realizar ese gasto? ¿Es mejor descapitalizarme o tener el dinero vía un crédito? Muchas personas se vuelcan online para encontrar consejos al respecto, y la realidad es que nadie puede predecir con exactitud cuál es el mejor momento. Pero hay formas de averiguarlo.

El bombardeo de información, bajo mínimos

Siendo realistas, no es fácil aislarse de mensajes que se bombardean a diario en medios, redes sociales o círculos de amistades, tales como las noticias y la información relativa a la economía. Por otra parte, a veces no podemos tomar decisiones con los gastos: vienen de golpe y nos obligan a reaccionar, tengamos o no margen de maniobra.

Como personas, es normal preocuparse, y con frecuencia nos sentimos impulsados a hacer algo al respecto. Es la ley de la acción-reacción. Cuando se trata de pedir un préstamo, esta motivación a menudo inconsciente puede llevarlo a precipitarse para evitar un escenario más desagradable. Pero no siempre es bueno dejarse llevar, y menos por la primera opción que se presente. Hay que buscar entre la información, separar el grano de la paja, y comparar hasta dar con la mejor opción.

La información es poder

Del mismo modo que es importante conocer el mercado y lo que tiene que ofrecer, sean entidades bancarias o financieras de nueva generación, también hay que conocer la situación personal. Tener información de los gastos e ingresos mensuales puede inmunizar ante muchas de estas preocupaciones.

Conocer las posibilidades de la economía doméstica permite actuar de forma distinta con el dinero personal. Y esto sucede del mismo modo con pequeños ahorradores y con personas con amplios patrimonios. A veces las emociones juegan malas pasadas y una cantidad de dinero nos puede obligar a ser conservadores o todo lo contrario, dependiendo de ofertas, promociones, lo que sucede en el mercado o en política (nacional o internacional), etcétera.

En ese sentido, es fácil decir “mucho mejor no preocuparse por lo que no se puede predecir”, pero cuando se trata del dinero propio o de esos ahorros o del salario mensual, no es tan sencillo ser lógico y racional. Hay una distinción, entre las cosas que podemos controlar y las que no podemos controlar, y en general es mejor concentrarse en las que sí pueden controlarse, en aquellas que dependen de nosotros mismos.

Preocuparse por un hipotético acontecimiento futuro no ahorra la mala experiencia si finalmente ocurre ni la hace más llevadera. Nuestro tiempo y energía también deben ser invertidos, valga la redundancia, en actividades y momentos que mejoren nuestra calidad de vida, en lugar de ser destinados a movimientos y acontecimientos lejanos que, por bien o por mal, no tenemos capacidad de cambiar ni alterar.

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