Portada del libro

Hay dos libros que toda persona vinculada al derecho debería leer: uno es el "Sí, abogado" de Miquel Roca (2007), sobre todo cuando habla de la desconexión entre la facultad y el mundo real. Desgraciadamente aplicable a la mayoría de sectores profesionales. Y el otro es "Veintinco años y un día. Reflexiones de un abogado penalista" (2009), de Carlos Monguilod (1958).

Por eso la gente vinculada al mundo judicial en general -y los estudiantes de derecho en particular- tienen la inmensa suerte de que la editorial Ara Llibres acaba de reeditar este último volumen. Monguilod es un conocido abogado penalista de Girona que, entre otros casos, ha llevado el de la farmacéutica de Olot, el hundimiento de La Oca o los últimos meses del Vaquilla.

La obra está llena de anécdotas como las relaciones con un clan gitano, el jurado que quería saludar a un procesado o el Nissan Patrol de la Guardia Civil que un padre encontró en su garaje al día siguiente de una noche de marcha de su hijo. Pero que nadie se equivoque: no es sólo una libro sobre experiencias personales, sino una visión precisa del mundo de la justicia por dentro. Si la justicia -uno de los pilares básicos del estado de derecho- , funcionara mejor, el país quizá también iría mejor.

Monguilod quizás tampoco lo sabe, pero aprovecha para dar algunos consejos a los futuros abogados: "el discurso oral es imprescindible", y sobre todo evitar las faltas de ortografía!-, "No preguntar nada a un testigo si no sabes previamente la respuesta", " no es cierto que dos bombas no caen en el mismo lugar", evitar que "las defensas se peleen entre sí porque , quien saca provecho, es el fiscal" o que "la tenacidad siempre gana al infortunio".

También desfilan algunos personajes entrañables como Garzón que, antes de ser número dos del PSOE por Madrid en las elecciones de 1993, dejaba "a caldo" al gobierno de Felipe González. O el día que, en un artículo en El Punt, tuvo que defender al escritor Javier Cercas de las críticas de ERC por haberlo nombrado pregonero de las Fires de Girona. Yo también lo hubiera defendido.

Hay estudiantes que aprenderán más leyendo este libro que en todo un trimestre de derecho penal. En el fondo, el oficio de abogado, como el de periodista, se aprende en la calle. y cuando a un abogado gerundense lo contratan para un juicio en Zamora es que debe ser un buen abogado./ Una reseña de Xavier Rius

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