Rincón de lectura · 2 de Mayo de 2017. 10:49h.

El proceso, según Ramon de España

Le tengo dicho a Ramón que, por respeto institucional, no le diga Cocomocho a Puigdemont. Pero el sigue en sus trece. En cambio, con lo de Cocoliso (Romeva) prefiero hacer la vista gorda. Y tampoco hace falta decir de quién habla cuando se refiere a El sabio de Taradell o el Astut.

Ramón de España, uno de los unionistas de lengua mas afilada, acaba de recoger un centenar de artículos publicados enen el libro “Apuntes desde el manicomio catalán" (Crónica Global). Cien, en política, es una cifra tan mágica como el sesenta y nueve en otros ámbitos.  Como los cien primeros días de todo gobierno -una moda que inventó Roosevelt- o los cien días de Napoleón aunque en este caso fueron finales.

Me jode decirlo pero con Ramón me río. Por eso cuando tras llegar a casa tras una jornada agotadora de trabajo -que puede incluir una partida de frontón verbal con Neus Munté y una rueda de prensa de la CUP- me leía un par de sus artículos. Sirven de relajamiento muscular.

Al fin y al cabo el procés ha entrado en una fase de restrenyiment. No parece que la cosa vaya a salir. Superamos los famosos 18 meses  -como nos recordó ese notario de la realidad que es López Tena- sin que la ANC, Òmnium y otros adláteres de esta sociedad civil tan independiente hayan puesto el grito en el cielo.

Es verdad que reparte a diestro y siniestro, pero es que el jodido muchas veces acierta. La pregunta de “¿Cuándo se zumbó Artur Mas”?, por ejemplo, es el equivalente nostrat a la de Vargas Llosa: “¿Cuándo se jodió el Perú?”. Su teoría personal es que en Cataluña se nos ha ido la olla.

Ni que sea para honrar el apellido familiar, su objetivo predilecto es casi siempre el procés. Pero a veces diversifica: Colau, TV3, el PP, el PSOE e incluso Ciutadans. Tampoco se escapan Xavier Graset, Miquel Calçada,  Benet Salellas, Jaume Asens o Gerardo Pisarello . No sé si necesariamente por este orden.

Aunque su héroe preferido és Josep Garganté, el autobusero. Gracias al autor  me he enterado que Maduro empezó igual: conduciendo buses. Sin duda me equivoqué de profesión. Ahora podría estar tirando billetes de 500 (Falsos) en un lugar tan solemne como el pleno del Ajuntament de Barcelona. 

Me temo que dice también algunas verdades como que “el soberanismo ayuda a medrar” porque entre cobrar la jubilación o ser mileurista y sacarse cada mes entre 5.000 y 6.000 euros -que son los que deben cobrar esos dos espadachines de la oratoria parlamentaria como son Gabriel Rufián y Eduardo Reyes- no hay color.

Es lo que que digo yo.  A menudo pregunto "¿qué hay de lo mío?" -una vicaría, un pesebre, una tertulia, una embajada en París- pero no hay manera. A este paso acabaré como aquellos que te asaltan en el Metro para venderte un kleenex con el convincente argumento que “peor es robar”.

Decía el otro día Félix Riera, que está en la competencia, durante la presentación del libro de Duran que el procés ha generado un boom editorial. Primero aparecieron los libros a favor y ahora me temo que, a medida que la cosa baja, en contra.

En fin, a falta de un Thomas Bernhard en el movimiento soberanista -Pilar Rahola renunció hace tiempo- es de agradecer que alguien practique la autocrítica aunque sea desde el bando contrario. A medida que se acerca el final, el procés está perdiendo el sentido del humor. 

El único reproche que se le puede hacer a Ramón de España -a parte del tono en algunos casos como ya he dicho al principio- es que en los artículos no aparezca la fecha de publicación. Incluso con una breve introducción sobre el momento en el que se escribieron. 

En cambio, hay que reconocer al autor su dominio de la lengua, aunque sea la castellana. Yo no me encontraba con expresiones como "atorrante" o "antañonas" desde que cogí a escondidas de mi padre el  Selecciones del Reader's Digest, todavía bajo el franquismo. Gracias, Ramón. / Una reseña de Xavier Rius.

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