¿Quién no ha tenido nunca la curiosidad de saber qué libros quemaron los nazis aquel fatídico 10 de mayo de 1933 en la Plaza de la Ópera de Berlín? Pues muy sencillo había volumenes de Thomas y Heinrich Mann, Upton Sinclair, Ernest Hemingway e incluso de Jack London. Desde luego también autores judíos como Stefan Zweig, Alfred Döblin o Ernst Toller.

Antoni Sobanski -me he dejado el acento en la ene  del apellido, que no lo permite el teclado de mi ordenador- estuvo ahí. ¿Quién es Antoni Sobanski?. Un autor polaco -de hecho había nacido en la actual Ucrania- al que Gombrowicz definió como “alguien con demasiada personalidad para la Varsovia de entonces”.

Sobanski era en realidad un noble polaco tocado por la enfermedad de las letras. Salvando las distancias geográficas y cronológicas un poco como don Quijote, el ingenioso hidalgo de la Mancha. Nacido en 1898, falleció en 1941 en Londres mientras intentaba emigrar a los Estados Unidos.

Hombre de mundo -hablaba y escribía seis lenguas europeas-, vivió en Londres, París y Berlín donde, supongo, se dedicó a patearse la fortuna familiar. También en Viena, San Petersburgo y Suiza. Él mismo se definía como “un liberal anticuado”.

El libro publicado por Confluencias Editorial (“Un ciudadano en Berlín 1934-1936”) reúne sus experiencias en la Alemania cuando los nazis han accedido al poder y empiezan a consolidarse. No deja de ser un duro contraste, un desengaño personal porque el país de al que tanto adora -es su país de referencia- va cambiando poco a poco. La prensa, la vida teatral, la vida nocturna.

“De cuarenta y dos fotografías que publica el ‘Deutsche Illaustrierte Zeitung’ -advierte-, veintinueva son hitlerianas”, observa ya en la página 26. “Han aprobado normas respecto a la profundidad del escote de las acompañantes de baile profesionales”, explica más adelante (pág. 31).

La obra en sí no es sólo un dietario, es también un diagnóstico. Como la patria de Goethe o de Beethovern sucumbió al nazismo. Como en una sociedad aparentemente culta y madura fallan los mecanismos internos de control. “Los católicos han fallado”, afirma (pág. 141). “Muchos hijos de líderes socialistas son ahora los hitlerianos más apasionados”, añade poco después (pág. 142)

Antoni Sobanski me recuerda un poco al periodista catalán Eugeni Xammar (1888-1973): Escribió tanto -incluso para el Times de Londres- que no dejó obra escrita. Pero tendría que haberse dedicado a la lotería. Hubiera acertado.

“Este país colosal, depurado cualquier individualismo, se empantanará con la sangre de sus hijos y la sange del enemigo, pero independiente del resto del mundo y apartado del resto del mundo” (pág. 149). Vaya si acertó.

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